El mito del "Gran Israel", el espejismo de las fronteras bíblicas, frente a la geopolítica real

Por: Julio Aníbal Reyes

En el tablero geopolítico del Medio Oriente, las fronteras rara vez son solo líneas trazadas en la arena; a menudo están cargadas de milenios de narrativa, fe y trauma. En los últimos años, coincidiendo con el ascenso de sectores de la extrema derecha mesiánica dentro del espectro político israelí, ha vuelto a resonar con fuerza un concepto que la diplomacia internacional consideraba sepultado en los libros de teología: el ideal del Eretz Yisrael Hashlema o el "Gran Israel".

Esta visión no se nutre de los tratados de derecho internacional ni de las resoluciones de la ONU, sino de una interpretación literal de los textos sagrados. Específicamente, se apoya en el pacto bíblico del Génesis (15:18), que promete a la descendencia de Abraham la tierra «desde el río de Egipto hasta el gran río, el río Éufrates». Al amalgamar la doctrina religiosa del "pueblo elegido" con el poder militar de un Estado moderno, esta narrativa transforma una promesa de fe en un proyecto de expansión territorial de proporciones titánicas.

Hoy en día, el debate central no es si el grueso de la sociedad israelí desea invadir Bagdad o El Cairo —la mayoría de la población y el establishment militar están enfocados en la seguridad interna y la supervivencia pragmática—. El verdadero peligro radica en cómo esta retórica ultra-religiosa instrumentaliza el concepto de "pueblo elegido" para justificar la anexión de facto de Cisjordania (Judea y Samaria) y la franja de Gaza, presentándolos no como una ocupación militar, sino como la reconquista de un derecho divino inalienable.

Cuando los ministros del ala más radical del gobierno actual hablan de soberanía y de la imposibilidad de ceder un solo milímetro a un Estado palestino, están operando bajo esta lógica maximalista. En su mente, las fronteras actuales de Israel no son metas definitivas, sino estaciones de paso. El peligro de permitir que la política exterior de una potencia nuclear se guíe por mapas de la Edad de Bronce es evidente: se desmantela cualquier posibilidad de paz basada en la solución de dos Estados y se condena a la región a una guerra santa perpetua.

El "sueño" de expandirse desde el Nilo hasta el Éufrates no solo es una imposibilidad logística y demográfica en el siglo XXI; es, ante todo, un anacronismo peligroso. Confundir la teología con la geopolítica estatal solo sirve para aislar a Israel internacionalmente y perpetuar un ciclo de violencia donde la tierra vale más que las vidas humanas que la habitan. La verdadera grandeza de un pueblo en el concierto moderno de naciones no se mide por cuántos kilómetros de desierto es capaz de conquistar, sino por su capacidad de coexistir en paz dentro de unas fronteras seguras, reconocidas y moralmente sostenibles.

El cálculo geográfico: ¿Cuánto abarcaría este territorio?

La delimitación exacta del "Gran Israel" varía según la interpretación, pero si tomamos la definición maximalista estricta de las fronteras de ese pueblo, elegido por Dios, que abarca desde las orillas del río Nilo en Egipto hasta las cuencas de los ríos Tigris y Éufrates en Irak, este territorio dejaría de ser un microestado para convertirse en un imperio regional.

Para calcular el área que tendría, se debe trazar un polígono que englobe total o parcialmente a los siguientes países modernos: Israel y los Territorios Palestinos (completo), Jordania (completo), Líbano (completo), Siria (la gran mayoría, hasta el Éufrates/Tigris), Irak (la mitad occidental, hasta el Éufrates o Tigris), Egipto (toda la península del Sinaí y el este del Delta del Nilo), y Arabia Saudita (la franja septentrional/norte)

Si sumamos las áreas geográficas que quedan atrapadas en esa enorme franja entre el Nilo (longitud aproximada 31° E) y el Éufrates/Tigris (longitud aproximada 44° E), el territorio resultante abarcaría una superficie estimada de entre 800,000 y 1,000,000 de kilómetros cuadrados.

Es bueno aclarar que el Israel actual (dentro de las líneas de armisticio de 1949) tiene apenas unos 20,770 kilómetros cuadrados. Este "sueño" expansionista multiplicaría el tamaño actual de Israel por 40 o 50 veces.

Por tanto, sería un territorio más grande que todo el estado de Texas (EE. UU.) o casi el doble del tamaño de España. En términos demográficos actuales, implicaría gobernar (o desplazar), o matar y desaparecer a más de 120 millones de personas de origen árabe en la región. Una pura ficción ese Estado divino.

También es bueno aclarar que la Biblia, en especial el llamado Viejo Testamento, fue escrita por judíos, cuenta la historia de ese pueblo milenario. No es extraño que precisamente sea ese pueblo el que Dios eligió como suyo. La pregunta es, y los demás pueblos del mundo como China, La India, los nativos americanos, los australianos, los de la federación Rusa, etcétera, etcétera, son también de Dios?

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